sábado, 3 de febrero de 2007

Irak, una vez más


Vuelvo a recordar una canción de Silvio sobre Bagdad:

Sinuhé

Tomando en cuenta la santa inocencia, voy a cantarle a la vieja Bagdad, donde mis sueños bebieron esencias y donde en noches de luminiscencia de niño zarpaba siguiendo a Simbad. Algo debiera hechizar portaaviones, alguien debiera apretar un botón que reciclara metralla en razones y poderío en conmiseración. Qué solo está Sinuhé
de amor y de fe.
Qué solo está Sinuhé,
¿qué tal sigue usted?
Bajo las ruinas vagan inquilinos de las leyendas que fueron maná. Pasa la sombra infeliz de Aladino sin una lámpara para el camino y sin el secreto de Alí-Babá. Algo debiera embrujar los misiles, alguien debiera hacer estallar el hongo de los derechos civiles de los fantasmas que pueblan Bagdad. Ahora es escoria el papel sorprendente de Sherezada en su lecho nupcial. La orden de fuego la dio un disidente de la cultura, la carne, la mente, el sueño y la vida que no sea virtual. Mil y una noches para la malicia, mil y una noches de intimidación, mil y una noches de fuego y codicia, mil y una noches sin dios ni perdón.

(2002)


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